Más familias quieren acceder a la medicina privada, pero tienen cada vez menos ingresos

Jorge Colina,
Economista de IDESA

La Argentina está en crisis económica la cual no tiene visos de revertirse siquiera en el mediano plazo. Esto se traduce en una caída sostenida en el nivel de ingresos de las familias. Mientras el porcentaje de familias que quiere acceder a la medicina privada crece, la limitación les viene por la caída del ingreso. Es hora de replantearse, sin eufemismos, el PMO.

 

Cómo evoluciona la cobertura de salud en Argentina

En la Argentina no hay sistemas de información específicos que permitan hacer el seguimiento de la cobertura de salud. La única fuente de datos que permite aproximar su evolución es la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. De todas formas, es una aproximación imperfecta debido a que la EPH no es una encuesta sobre variables de salud sino sobre variables socioeconómicas y laborales. Colateralmente hace a los hogares encuestados una pregunta genérica sobre la cobertura de salud indagando sobre si se trata de obra social, prepaga o sistema público. Tan genérica es la pregunta que en “obra social” se incluye todo (obra social nacional, provincial, PAMI y otros tipos de obras sociales) y en “prepaga” no se discrimina entre derivación de aporte y doble cobertura.

En cualquier caso, a falta de una base de datos mejor, se procedió a realizar ciertos procesos sobre la EPH del INDEC para observar, al menos, algunas tendencias en la cobertura de salud. Tomando los hogares con jefe de familia menor a 60 años (para excluir lo que sería la cobertura de PAMI) y el servicio doméstico y el cuentapropismo (que son dispositivos especiales de cobertura de salud), se pudo obtener el siguiente panorama que se presenta en el Gráfico 1.

 

Gráfico 1. Evolución de la cobertura de salud en los grandes aglomerados urbanos

Hogares // 2° trimestre de cada año

Fuente: elaboración propia en base a EPH del INDEC

Allí se puede observar cómo fue variando la cobertura de salud en los grandes aglomerados urbanos de la Argentina, que son los que releva la encuesta del INDEC. Se trata fundamentalmente de capitales de provincia y ciudades grandes de cada provincia. Si bien los cambios no son importantes en lo cuantitativo, sí lo son en lo cualitativo. En el año 2012, que fue el último año de la bonanza internacional que benefició a la Argentina (y, por lo tanto, cuando mayores ingresos tuvieron los hogares), la cobertura de la medicina privada alcanzó al 8,2% de la población urbana. Distribuida en 6,1% sólo prepaga y 2,1% doble cobertura, esto obra social y prepaga, aunque el INDEC no determina si esto se trata de derivación de aportes o doble cobertura sin derivación.

Al año 2019, previó a la crisis del Covid-19, la proporción de hogares que declararon tener cobertura médica privada subió a 9,0% conformado por 6,7% de sólo prepaga y 2,3% doble cobertura. En el 2020, en plena pandemia del Covid-19, la proporción de hogares que declara tener cobertura de la medicina privada sube a 10,0% con una distribución de 7,2% de sólo prepaga y 2,8% doble cobertura.

Más allá de que los cambios son menores, denotan que las familias tienden a buscar la cobertura de la medicina privada en la medida que esté dentro de sus posibilidades. Esta conclusión se refuerza si se tiene en cuenta que desde el 2012 el empleo asalariado privado registrado no crece (el empleo con cobertura de obra social nacional). Por lo tanto, el crecimiento de la medicina privada se produce sobre una cobertura de obra social nacional estancada, que es lo que se observa en el Gráfico 2. Es más, si bien se divisa una tendencia al aumento de la cobertura de medicina privada, ésta se muestra relativamente pequeña precisamente porque el empleo asalariado privado formal no crece. Si el empleo asalariado privado formal creciera, es altamente probable que la expansión de la medicina privada sería mayor.

Gráfico 2. Composición de la cobertura de obra social

Hogares

Fuente: elaboración propia en base a EPH del INDEC

 

Como se puede observar en el Gráfico 2, el crecimiento de la cobertura de obra social desde el 2012 (fin de la bonanza internacional) hasta aquí estuvo basado fundamentalmente en el crecimiento del empleo público. Estos datos que surgen de la encuesta de hogares del INDEC son consistentes con los que publica el Ministerio de Trabajo sobre evolución del empleo asalariado registrado. Según esta última fuente, en el año 2012 había 6,0 millones de trabajadores asalariados registrados en empresas privadas que pasaron a 5,8 millones en el 2020. En cambio, los empleados públicos de planta eran 2,6 millones en el 2012 y pasaron a ser 3,2 millones en el 2020.

Es decir, este fenómeno de estancamiento (o pequeña caída) en el empleo asalariado privado “en blanco” contrasta con un marcado crecimiento del empleo público (nacional, provincial y municipal) en medio millón de personas, lo que se traduce en que el crecimiento de la participación de las obras sociales provinciales sobre las obras sociales nacionales en la cobertura de salud de las familias.

La caída en los ingresos de los hogares

La forma de medir la capacidad adquisitiva de los hogares es con el Ingreso per Cápita Familiar. Esto es, la suma de todos los ingresos del hogar dividido por la cantidad de miembros de dicho hogar. En el Gráfico 3 se presenta cuál es el nivel de este ingreso para las familias que tienen cobertura de obra social y de medicina privada. Al año 2020, las familias con cobertura de obra social tenían un ingreso promedio de $24 mil por miembro de la familia, mientras que las familias con cobertura de la medicina privada tuvieron un ingreso promedio de $33 mil por miembro de la familia.

Lo que resulta más notorio es la tendencia a la caída de los ingresos familiares de los hogares con cobertura tanto de obra social como de medicina privada (Gráfico 3). Entre las familias con cobertura de medicina privada, lo que en el 2020 era de $33 mil, en el 2012 eran $45 mil. Es decir, hubo una caída real en los ingresos per cápita de las familias que tienen cobertura de medicina privada del orden del -26% producto de que los ingresos del hogar (salarios y otros ingresos de la familia) crecieron por debajo de lo que creció la inflación. En particular, mientras los ingresos de las familias se multiplicaron por 9 entre el 2012 y el 2020, la inflación fue de 12 veces. Los precios le ganaron a los ingresos familiares. Esto no es nada nuevo. En economía se sabe que la alta inflación siempre perjudica a las familias.

En el Gráfico 3 también se observa en el 2019 un episodio de recuperación de los ingresos per cápita de las familias con cobertura de medicina privada. Esto puede ser producto de que hubo una recuperación del salario nominal luego de la caída real de la crisis cambiaria que se desata en el 2018, como así también puede que se haya modificado el perfil de los afiliados a la medicina privada tendiendo a las familias de mayores ingresos y/o menor cantidad de miembros (téngase en cuenta que el ingreso per cápita es el cociente entre el total de ingreso dividido la cantidad de miembros). Aunque también es dable considerar que la EPH del INDEC no es una fuente precisa de información a los efectos de la cobertura de salud, por lo que esta variación puede ser producto de fallas de la muestra. En cualquier caso, más allá de este dato puntual, es clara la tendencia hacia la caída de los ingresos reales de los hogares. Más clara es la caída en los hogares con cobertura de obra social.

Gráfico 3. Ingreso per cápita de los hogares según cobertura

Ajustados por inflación a precios del 2020

Fuente: elaboración propia en base a EPH del INDEC

 

La tendencia al crecimiento de la cobertura de medicina privada con ingreso reales de las familias en caída puede encontrar parte de su explicación –como se dijo anteriormente– en el cambio en el perfil de los hogares con cobertura privada. Esto se puede percibir en el Gráfico 4. Allí se presenta el tamaño promedio de los hogares según cobertura.

Se observa que el tamaño promedio de las familias con cobertura de obra social se mantiene en el orden del 3,4 /  3,3 con una pequeña disminución que se puede explicar por la tendencia de mediano plazo en la caía de la fertilidad. Téngase presente que entre 2012 y 2020 pasa casi una década. Este comportamiento entra en abierto contraste con el tamaño promedio de las familias con cobertura de medicina privada. Aquí se observa una marcada disminución desde 3,2 miembros por familia en el 2012 (similar al de obra social) a 2,7 miembros por familia en el 2020. Esto sugiere que la crisis de los ingresos de los hogares tiende a modificar el perfil de familias que acceden la medicina privada hacia los grupos familiares más pequeños.

En otras palabras, a medida que se deterioran los ingresos de los hogares en Argentina, las familias que pueden solventar el costo de los planes de la medicina privada son aquellas con menor cantidad de miembros. Esto señala que el crecimiento de la medicina prepaga observado entre 2012 – 2020 podría haber sido mayor, de no haber estado limitado por las cada vez más precarias condiciones económicas de los hogares.

Gráfico 4. Tamaño de los hogares según cobertura

Cantidad de miembros por cada familia

Fuente: elaboración propia en base a EPH del INDEC

 

Conclusión y recomendaciones de política

La economía argentina está hundida en una profunda crisis que no terminó y amenaza con empeorar. Esto se refleja en la sostenida caída de los ingresos reales de la población. Cuando una economía no produce lo suficiente para satisfacer las aspiraciones de consumo de la sociedad, y el Estado pretende satisfacer dichas aspiraciones incurriendo en déficit fiscal, al cual lo financia con endeudamiento público y emisión monetaria, termina generando una alta inflación que es la que se encarga de poner las cosas en su lugar. Esto es, hace caer el ingreso real de la población con lo cual las familias terminan consumiendo sólo lo que la economía real les puede ofrecer. Que, en una economía argentina en caída, son cada vez menos bienes y servicios.

Sin embargo, a pesar de que las familias pueden comprar cada vez menos bienes y servicios, lo que surge de las encuestas de hogares del INDEC es que aspiran a acceder a la medicina privada. En cierta forma, esto puede ser la respuesta a los problemas de accesibilidad que se producen en las obras sociales y el sistema público de salud. Muy sugerente en este sentido resulta el aumento en la participación de la medicina privada en el 2° trimestre del 2020, que fue de profunda crisis económica por efecto del confinamiento. A pesar de las restricciones presupuestarias, las familias tendieron a buscar la cobertura privada como una forma de tener más protección en caso de contraer Covid-19. De todas formas, cada vez menos familias tienen acceso a la medicina privada como surge del hecho de que las que acceden tienden a ser aquellas familias con menor cantidad de miembros.

Estos datos señalan que la sustentabilidad económica del Programa Médico Obligatorio (PMO), tal como está definido en la actualidad, ha entrado también en crisis. Ya no sólo es imposible pensar en seguir expandiéndolo con nuevas tecnologías y tratamientos caros, sino que está en duda la sustentabilidad financiera de las prestaciones existentes. Si las familias tienen cada vez menos recursos, es imposible que puedan financiar la misma canasta de prestaciones médica. Lo más grave es que, cuando los recursos escasean, se multiplican las inequidades porque se potencia la compulsa por el acceso a los pocos recursos económicos a través de los recursos administrativos ante la Superintendencia de Servicios de Salud o directamente amparos ante la justicia. Estos medios de forzar la accesibilidad ante la escasez, en general, son utilizados por las familias de más altos ingresos. Por lo que la accesibilidad termina siendo posible sólo para unos pocos privilegiados que, en general, son los de mayores ingresos.

Si se quiere preservar la equidad en el acceso, en medio de la escasez y la crisis económica, es ineludible revisar el PMO y priorizar aquellas prestaciones que son de necesidad más masiva, de mayor efectividad poblacional y que tiendan a ser de mayor costo, dejando los consumos de menor costo para el bolsillo de los pacientes. Es irreal pretender mantener la aspiración de la gratuidad o el libre acceso a todos los servicios de salud en una prolongada y cada vez más profunda crisis económica que no tiene visos de revertirse, siquiera en el mediano plazo.