El confinamiento está dañando el sistema de salud y la salud de la población

Jorge Colina,
Economista de IDESA

La evolución del coronavirus en Argentina está mostrando que las autoridades tomaron la decisión de confinamiento muy tempranamente. Esto está causando severo daño en el sistema privado de salud por la caída de ingresos y la sub-utilización de capacidad médica. El costo humano lo están sufriendo los pacientes no afectados por el Covid-19.

 

La marcha del coronavirus en Argentina y el contexto internacional

La pandemia del Covid-19 es un fenómeno muy dinámico. El aumento de infectados se cuenta por día y no se sabe cuál será su comportamiento a futuro. En el concierto internacional, especialistas en virología, infectología y epimiología alertan sobre la supuesta posibilidad de un segundo brote. Sin embargo, hasta el momento que transcurre –junio 2020– ya se pueden trazar algunos patrones bien marcados en función de lo que se observó desde que el virus llegó a occidente.

En el Gráfico 1 se presenta la curva de tasas de contagio diario para los 3 países latinos de Europa (Italia, España y Francia) que fueron los protagonistas en la cobertura mediática sobre el tema. Se eligen estas 3 experiencias porque son las que influyeron decisivamente en las autoridades y los medios de comunicación argentinos para apoyar las medidas de confinamiento extremo tomadas a mediados de marzo 2020. Se coloca también Chile, como caso testigo vecino, y Argentina.

 

Gráfico 1. Tasa de contagio diaria por millón de habitantes

Promedio móvil a 7 días

Fuente: elaboración propia en base a CDC Europa (www.ecdc.europa.eu)

 

Del Gráfico 1 se derivan varias y muy interesantes conclusiones. La primera es que Europa está mostrando que los picos de contagio son transitorios. Las líneas para los 3 países europeos elegidos muestran claramente una fisonomía de montaña que luego tiende a desaparecer. Estos 3 países salieron del confinamiento y actualmente están retornando a la vida económica y social normal, con medidas de concientización para el distanciamiento físico y uso de tapabocas en lugares con aglomeración.

En segundo lugar, también muestra que, si bien Italia mostró las imágenes más dramáticas de las terapias intensivas colapsadas en la región de Lombardía –y que ayudaron a alimentar el pánico en buena parte de la población–, las tasas de contagio diarias no fueron muy altas. Lo que aparentemente habría pasado, y es un impresión que ya empieza a tomar forma en los ámbitos médicos, es que el nuevo coronavirus los tomó por sorpresa y sin la adecuada preparación. Varios estudios que surgen de médicos que estuvieron en los hospitales del norte de Italia más afectados, dan cuenta de que lo que pasó fue un contagio muy intenso y focalizado dentro de los propios hospitales, por parte de personas asintomáticas o con signos leves que concurrieron a ellos para tratarse. A diferencia de los países asiáticos, los hospitales del norte de Italia y de Europa, en general, no estaban preparados para defenderse de un brote de coronavirus por ser una circunstancia extraña para occidente.

España en cambio tuvo una tasa diaria de contagio más alta llegando a los 150 contagiados por cada millón de habitantes y se mantuvo por encima  de los 100 casos diarios por millón de habitantes durante las 3 semanas que transcurrieron entre finales de marzo y principio de abril. Francia tuvo un ciclo de contagios más atenuado.

En tercer lugar, Argentina adoptó muy tempranamente el confinamiento extremo. Lo hizo casi en el mismo momento en que el confinamiento extremo era la acción que tomaban Italia, España y Francia cuando se encontraron en el pico de las infecciones diarias. Argentina lo hizo pensando que el derrotero de la infección sería rápidamente muy similar a las curvas de los países europeos.

Pero eso no sucedió. Aun cuando los medios de comunicación se mantienen contando los casos e informando con cierto tinte de tragedia, lo cierto es que las tasas de infecciones de Argentina, medida en millón de habitantes, son insignificantes. Hubo una aceleración de casos a partir de mediados de mayo que causó preocupación a las autoridades. Pero la tasa diaria de infección, si bien creciendo, es todavía tan baja que se asimila  a la tasa de España, Italia y Francia, hoy, volviendo a la normalidad.

Aquí entra en contraste el caso de Chile que entra a la fase del pico del contagio con una tasa diaria por millón de habitantes que supera con creces las que tuvieron España, Italia y Francia en su momento más álgido. Al momento que se escriben estas líneas, las autoridades del país trasandino se preparan para pasar las 2 semanas más críticas que caracterizan la curva del contagio.

El contraste con Argentina es por demás llamativo. Argentina está en su tercer mes de cuarentena y su curva diaria parece estar lejos de la entrada a su fase más crítica.

Aquí cabe hacer dos aclaraciones. La primera es que Chile ejecuta muchos más test de detección que Argentina (a junio 2020 lleva 600 mil versus 170 mil), por lo tanto, tenderá a mostrar más casos que Argentina. Sin embargo, la diferencia de las tasas de infección diaria es muy grande como para ser explicada sólo por diferencias de tests. La segunda es que prácticamente la totalidad de los casos de Argentina se presentan en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), con lo cual allí la tasa debe ser superior. Sin embargo, si se ajustara la tasa de infección diaria por la población de AMBA, la nueva tasa sería 50 por millón de habitantes de AMBA. Esta todavía lejos de la tasa general de Chile.

La pregunta que cabe hacerse, entonces, es cuánto más se puede estirar el confinamiento en Argentina. Para ello hay que mirar los impactos que está teniendo.

El impacto del confinamiento en el sistema de salud

Desafortunadamente, en la decisión del confinamiento extremo se planteó una falsa dicotomía entre salud o economía. Cuando, en realidad, cuando a la economía de las personas les va mal, seguramente que a su salud también le va a ir mal. Pero sin entrar en esta cuestión, se mostrará algunas evidencias del impacto que está teniendo el confinamiento sobre el sistema de salud y la salud de la población.

a.- Los recursos de la seguridad social

En primer lugar, en el Gráfico 2 se muestra la evolución que está tendiendo la distribución de recursos de la seguridad social a las diferentes instituciones de seguridad social, en los primeros 4 meses del año. Se toma la distribución de recursos a las obras sociales (esto son los recursos que financian la medicina privada vía la derivación de aportes), a PAMI, al Fondo Solidario de Redistribución (FSR), que subsidia diferentes aspectos a las obras sociales, y como comparativo se coloca la distribución de recursos a la ANSES.

 

Gráfico 2. Tasa de crecimiento interanual de recursos de la seguridad social

Año 2020 –  Corregida por inflación

Fuente: elaboración propia en base a AFIP (www.afip.gob.ar)

 

Lo primero que se observa es que, antes del confinamiento, en los meses de enero y febrero 2020, la distribución de recaudación a la seguridad social ya venía cayendo. Con el confinamiento, los recursos del sistema de salud caen sensiblemente. En el caso de los recursos distribuidos a obras sociales, la caída se presenta bastante atenuada, producto de que los aportes a obras sociales no fueron declarados no contributivos en el marco de la emergencia económica. En cambio, los recursos distribuidos a PAMI y FSR tuvieron una caída de dos dígitos en términos reales.

La caída en los recursos de ANSES se puede tomar como ejemplo de lo que puede suceder con los recursos de salud de la seguridad social. Si bien dicha caída en ANSES es producto de que sus contribuciones patronales fueron declaradas no contributivas para muchos sectores de la economía, su magnitud señala que en los próximos meses la caída para los organismos de salud puede ser más severa de lo que viene siendo.

Muchas empresas se verán obligadas a desprenderse de sus trabajadores. Otras, sin llegar a despedir, pueden presentar la declaración jurada de su nómina a los fines de cumplir con las normas previsionales, pero sin realizar el pago de la declaración jurada. Siendo así, los trabajadores mantienen la cobertura, pero los recursos monetarios no van a entrar a las obras sociales, difiriéndose para cuando pase la pandemia.

Un sistema de salud que ve menguado sus recursos no se está preparando para el pico de contagios de la pandemia. Al contrario, se está debilitando antes de enfrentar el momento más crítico.

b.- La ocupación en los prestadores médicos privados

El confinamiento para demorar o evitar que los picos de contagios sean elevados tenía como contracara que los prestadores médicos debían prepararse para el momento más crítico del contagio. Las autoridades sanitarias dispusieron que todas las energías se coloquen en preparar al personal sanitario y su logística para la llegada masiva de enfermos de coronavirus. Pero, como se vio, las tasas de infección se mantienen muy bajas con lo cual los prestadores médicos privados están semi-vacios.

En el Gráfico 3 se presentan los resultados de una encuesta realizada sobre varios prestadores médicos privados de internación y surge que, tanto en las áreas de internación general como en las áreas críticas, la utilización de la capacidad instalada se redujo a la mitad.

 

Gráfico 3. Tasa de ocupación en los prestadores médicos privados

Fuente: elaboración propia en base a ADECRA-CEDIM (www.adecra.org.ar)

 

Alguien puede pensar que esta sub-utilización es deseable, a fin de estar preparados para cuando llegue la ola de enfermos de Covid-19. Lo sería, si se estuvieran yendo aceleradamente hacia el pico de los contagiados, como lo está hoy Chile. Pero con una tendencia tan aplacada como la que se observa, hasta ahora en Argentina, es un derroche de valiosísimos recursos médicos (humanos, de insumos e infraestructura).

Hay que tener presente que una entidad médica prestadora asigna el 74% de su gasto al pago de salarios. Tener la institución trabajando al 50% hace imposible sostener el pago de salarios y, menos aún, la provisión regular de insumos críticos para el Covid-19 (como elementos de protección personal para los trabajadores y los pacientes) y de infraestructura crítica (terapias intensivas con respiradores).

La espera indeterminada de los picos de contagio está limitando severamente la capacidad de respuesta del aparato médico prestador privado.

c.- Las enfermedades no atendidas

El costo humano de instituciones médico prestadores semi-vacías recae sobre la población que sufre otras enfermedades –no Covid-19– que están siendo desatendidas. En el Gráfico 4 se presenta la caída que tuvo en abril una serie de prestaciones médicas críticas para la salud de la población. Los tratamientos oncológicos se redujeron en un 16%, los ingresos por ACV o internaciones no Covid-19 cayeron a la mitad, y las cirugías generales y emergencia cayeron más del 70%.

Esto es claramente una desatención médica de la población que se traducirá en más enfermedades, agravamiento de las existentes y, paradójicamente, mayor mortalidad por causas no Covid-19 que las que se quieren evitar con el confinamiento.

 

Gráfico 4. Comparación interanual de prestaciones médicas privadas

Abril 2019 – Abril 2020

Fuente: elaboración propia en base a ADECRA-CEDIM (www.adecra.org.ar[1])

 

Conclusión y recomendación de política

En el marco de la pandemia por Covid-19, Argentina adoptó muy tempranamente una estrategia de confinamiento extremo. Ya en el tercer mes de confinamiento, la tasa diaria de contagios se muestra excesivamente aplanada a niveles muy bajos. Lejos de ser un alivio, el temor de las autoridades por una sorpresiva intensificación del brote se mantiene. Esto hace que las autoridades pospongan el fin del confinamiento.

Pero esta estrategia es sanitariamente inconsistente. Está destruyendo el sistema de salud y la salud de la población con enfermedades no-Covid-19. Caen los ingresos de la seguridad social, los prestadores médicos privados son llevados a situaciones de quebranto por sub-utilización de la capacidad instalada y las prestaciones médicas para pacientes no-Covid-19 cayeron abruptamente.

La recomendación de política es la que toma todo médico cuando atiende un paciente: sopesar el beneficio con el costo del tratamiento para tomar decisiones equilibradas. El confinamiento extremo está provocando más daño que el que pretende evitar. Por eso, es urgente pasar a una etapa más racional donde se deje de lado el confinamiento y se pase a estrategias más humanas de concientización, distanciamiento físico y uso de tapabocas para recuperar la normalidad económica y social.

Caso el contrario, casi como una triste ironía, se corre el riesgo de sufrir el pico del coronavirus de una manera tardía, sin sistema de salud y una población devastada por otras enfermedades.

 

[1] “La epidemia por coronavirus no elimina ni posterga otras enfermedades”