Si algo le faltaba a la crisis económica del sector privado de la salud era una pandemia

Dr. Luis María Degrossi,
Presidente de ADEMP

Cuando escribo estas líneas, la crisis del coronavirus está en pleno desarrollo. Nadie tiene información objetiva sobre cómo esto va a continuar. Por el momento, la población general ha sido confinada y los esfuerzos de las autoridades están más puestos en pensar cómo hacer cumplir el confinamiento que en cómo salir del problema. De todas formas, el sistema privado de salud ha tomado un repentino protagonismo ya que es el que atiende a los pacientes que se enferman y tienen cobertura de salud de seguridad social y privada.

En estos momentos de profunda crisis es cuando el Estado debe trabajar junto con el sector privado de manera mancomunada y complementaria. No es bueno que las autoridades –posiblemente acuciados por la crisis sanitaria– tienda a priorizar para sí, recursos humanos, físicos e insumos, en la tesitura de garantizarse el abastecimiento y dejar los eventuales remanentes para el sector privado. En Argentina el sector privado atiende a 30 millones de argentinos. En tiempos de fuerte escasez, como los que impone una crisis sanitaria, los recursos deben ser cuidadosos y equitativamente asignados entre los subsectores público y privado.
Las preocupaciones que genera el coronavirus son básicamente tres: de muy corto, de corto y de mediano plazo.

La preocupación de muy corto plazo es evitar que el sistema de salud público y privado colapse. En particular, que colapsen las áreas de cuidados críticos de las instituciones, áreas que serán fuertemente demandadas en particular en centros urbanos con alta preponderancia de adultos mayores entre su población.

Las evidencias muestran que este estrato etario es el más severamente afectado. Las áreas de cuidado críticos no suelen tener capacidad instalada ociosa dado que dentro de una institución de salud es la de infraestructura más costosa, por lo que sus dimensiones tienden a estar ajustadas a la demanda normal. Convertir áreas comunes en críticas es posible, pero muy demandante de recursos. Aquí hay un ejemplo concreto que exige alta coordinación entre el sector público y privado.

Saliendo del muy corto y pasando al corto plazo, la preocupación es que la población mantenga sus flujos de salarios e ingresos para que los planes de salud no se desfinancien. El confinamiento es una estrategia que puede ser apropiada desde el punto de vista médico, pero tiene enormes efectos no deseados desde el punto de vista económico. Cuando se caen masivamente los ingresos de la población, los impactos sanitarios son también muy negativos. Por eso, en este tema hay que extremar la imaginación para buscar formas de contención que no impliquen la parálisis económica. La situación más acuciante será la de los afiliados sin derivación de aportes que en muchos casos son no asalariados que no están pudiendo generar ingresos y los de derivación de aportes de pequeñas empresas que se van a quedarse sin salario.

En el mediano plazo, cuando la pandemia haya sido controlada, el interrogante será en que situación económica quedará el sistema privado de salud. Habrá una gran cantidad de gente con demanda contenida, gente que dejo de consumir atención médica para hacer lugar a la atención de los afectados por el coronavirus. Pero seguramente que los recursos estarán exhaustos. El sector privado de salud ya venía muy golpeado económicamente en los últimos dos años, por lo que este evento inesperado y tan demandante de recursos dejará muchas instituciones en la quiebra o al borde. No es arriesgado afirmar que cuando pase la crisis del coronavirus, la crisis económica del sector privado de la salud será peor.

Ahora nos aboquemos a la preocupación de muy corto plazo (dar una respuesta a la pandemia) pero tengamos presente y vayamos pensando en cómo seguir viviendo económicamente cuando pase la pandemia. Aquí es donde más vamos a necesitar un Estado que esté abierto al diálogo y al trabajo articulado para mantener el sector privado de la salud funcionando.

Cualquiera sea el devenir de las cosas, tenemos que estar más unidos que nunca.