Tiempo de hacer medicina basada en la evidencia

Por el Dr. Luis María Degrossi
Presidente de ADEMP

El 2019 será el año de la escasez en el sistema sanitario. No hay ni habrá un mínimo margen para el derroche o el gasto no bien fundado en criterios técnicos.

Los precios de las prestaciones médicas que nuestras empresas deben abonar a profesionales, centros de diagnósticos y tratamiento, centros de rehabilitación y clínicas y sanatorios vendrán con sensibles ajustes al alza, toda vez que están fuertemente influenciados por la evolución de los salarios de la sanidad y los insumos importados que se ajustan con el dólar. Se sabe que las presiones salariales serán intensas, a raíz de que los salarios terminaron el año 2018 con rezago respecto a la inflación, y el dólar –como explícitamente lo declara la autoridad monetaria– no se va a “clavar” sino que acompañará el ritmo de la inflación, que, ojalá, como es la premisa oficial, se desacelere respecto al año 2018. Igualmente, seguirá siendo una inflación elevada (35% para el 2019, mejor que el 50% de inflación del 2018, pero claramente alta). Ambos factores (salarios y dólares al alza) no prometen tiempos calmos respectos a las negociaciones por precios de las prestaciones.

A esto hay que sumar las presiones al alza en la cantidad de prestaciones médicas que se consumen. Según los datos recabados por nuestra Comisión de Asesores Médicos de ADEMP, la cantidad por persona de estudios de laboratorios, de imágenes, de cesáreas (en desmedro del parto normal), de internaciones vienen creciendo. A esto hay que sumarle el impacto de regulaciones que obligan a la cobertura de prestaciones muy tecnológicas que, si bien presentan bajas tasas de consumo, viene creciendo y son muy costosas, como es el caso de las fertilizaciones asistidas y los medicamentos biológicos. Incluso hasta una regulación que vino a solucionar un problema social serio, como era la falta de donantes, al revertir el criterio (se considera donante a toda persona que no haya dejado constancia expresa de su oposición a la donación) está haciendo crecer el número de trasplantes. Esta es una muy buena noticia, pero hay que prever sus impactos financieros.

Es tiempo de pasar del discurso a los hechos y empezar a aplicar los tan declamados principios de medicina basada en evidencia y análisis de costo-efectividad. Esto no es otra cosa que tender a utilizar el recurso sanitario en aquello que demostradamente sirve para la finalidad médica y elegir entre el tratamiento que mayor efectividad o mejores resultados tiene por cada $ gastado.

Esto es lo que se hace en todos los órdenes de la vida. Lo hace una ama de casa cuando va al supermercado que, en respuesta a que el presupuesto hogareño está muy restringido por la crisis, compra lo estrictamente necesario para alimentar y asear el hogar, y fundamentalmente “busca precio”, que no es otra cosa que hacer un balance entre la calidad del producto y lo que cuesta, y posiblemente ceder a pagar un precio mayor, pero eso sí, en la medida que el aumento de la calidad de ese producto sea proporcionalmente mayor. Lo hace un hombre que vive de su oficio, y en la ferretería compra los insumos necesarios procurando no consumir insumos de más y pagando precios acordes a la calidad del insumo, medida la calidad en función de los resultados que se espera del insumo. Y así, se puede sobreabundar con ejemplos.

¿Por qué en medicina esto es tan difícil?

Porque en medicina está el fenómeno del tercer pagador, que somos nosotros, las instituciones que pagamos las prestaciones, y además porque quién elige las prestaciones no es la propia persona –como sería el caso de la ama de casa en el supermercado o el hombre de un oficio en la ferretería– sino un profesional médico, quién puede tener una inclinación más generosa hacia su paciente dándole más prestaciones por si acaso (ya que las paga otro), o un interés económico en la sobre-prescripción; en cualquier caso, como en todo orden de la vida, porque los recursos son escasos, dar de más no es de buena práctica, y en medicina mucho menos, porque no sólo media el derroche de recursos sino la salud de las personas por los efectos colaterales o no previstos de los tratamientos.

Posiblemente la tan promocionada AGNES (la agencia nacional de evaluación de tecnologías sanitarias), que todavía está a nivel de proyecto de ley, sea el medio idóneo para propulsar las discusiones técnicas de manera institucional a fin de derivar guías y lineamientos de tratamientos en base a la evidencia científica disponible y criterios para discutir la costo-efectividad de las prestaciones. No es prudente esperar milagros, pero es auspicioso de que por lo menos se esté hablando de institucionalizar dentro de esta agencia la actividad conjunta entre las sociedades científicas, académicas, los productores de tecnologías, los prestadores médicos y los financiadores.

El 2019 debería ser el año en que se ponga en funcionamiento en Argentina una agencia de evaluación de tecnología para comenzar a hablar seriamente y con carácter vinculante sobre la aplicación de la medicina basada en evidencia y la costo-efectividad. La escasez de recursos apremia, pero no por ello deja de abrir puertas a la imaginación para encontrar salidas innovadoras y productivas a los problemas más amenazantes.

Al margen de todo y dejando un poco de lado -aunque sea por un momento- nuestra pasión y preocupación por nuestro querido Sector Financiador, alcemos nuestras copas y brindemos por una ARGENTINA MEJOR, más justa, lógica y previsible. FELIZ Y PROSPERO AÑO 2019 para toda esta gran familia que juntos, supimos conformar.