¿Cómo salir de esta crisis del financiamiento que parece no tener fin?

Dr. Luis María Degrossi,
Presidente de ADEMP

Cuando todo señalaba que la situación económica tendía lentamente a normalizarse o, por lo menos, a reducir su volatilidad de dólar alocado, inflación creciente y alta incertidumbre, los resultados adversos para el oficialismo en las PASO abrieron una “caja de Pandora”.

Al igual que la famosa caja de la mitología griega, que Pandora abre e involuntariamente libera a todos los males del mundo, las PASO llevaron a un nuevo desenfreno del dólar, la re-aceleración de una inflación que se mantiene en el 55% anual, la cesación de pagos de la deuda pública (que deja desfinanciadas a muchas instituciones privadas que habían invertido en títulos públicos de corto plazo para protegerse de la inflación), los controles cambiarios (el nuevo “cepo”) y, lo que mayor incertidumbre genera, el relajamiento de la disciplina fiscal. Hasta antes de las PASO, el déficit primario cero y la posterior generación de superávits primarios eran, según las autoridades, el faro que nos sacaría de los mares turbulentos que estábamos atravesando. Bajar los impuestos siempre es bueno pero, sin sentido estratégico, con visos más de improvisación que de control de la situación, potencia los interrogantes, la incertidumbre y la inquietud.

Por el momento, hay una aparente, pero tensa calma que se explica más por la espera del resultado de las elecciones, sea en primera o en segunda vuelta, que al hecho de que la situación estaría mejorando. Tener un Estado deficitario, sin crédito público y con candidatos a presidente que plantean a la gente que se puede seguir expandiendo el gasto público, difícilmente no lleve a un empeoramiento de la actual situación económica. Lejos de querer ser esta reflexión un alarmismo, es un acto de enfrentamiento, directo y sin tapujos, con la realidad. Se están viviendo tiempos difíciles y los que se avecinan serán más difíciles aún. Por eso, hay que extremar la imaginación para ver cómo protegemos la supervivencia del Sector Privado de la Salud ante tan adverso contexto actual y también el que se viene.

Para tener una idea clara de la magnitud del desafío que habrá que sortear, basta con tener presente dos datos: la tasa a la que se podrán ajustar los ingresos y la tasa a la que crecerán los gastos de la medicina privada.

La tasa a la que se ajustarán las cuotas de la medicina privada en el 2019 será del 37% (7,5% en mayo, 17,5% en tres cuotas en julio – setiembre, 4% en octubre y 4% en noviembre). Suponiendo que con mucha generosidad las autoridades otorguen un 5 y/o 6 % adicional en diciembre, el año cerraría con suerte y viento a favor, con un ajuste de cuota en el 2019 de 43 y/o a lo sumo 44%.

Pero además de las cuotas hay que ver qué pasa con la cantidad de afiliados. Según datos oficiales, el empleo asalariado privado registrado (la mayoría de nuestra afiliación) viene cayendo a junio del 2019 en 150 mil trabajadores menos respecto de junio del 2018, de los cuales 100 mil trabajadores menos se produjeron entre enero y junio de este año. Es decir, la caída del empleo asalariado privado registrado no es que está menguando, por el contrario, se está agravando.

Por el lado de los gastos, como vendrá la situación? La tasa a la que se ajustarán los precios de las prestaciones médicas tiene un “piso” que es la inflación. Hoy la inflación es 55% anual, pero si en los meses que quedan del 2019 la tasa de inflación mensual es superior al 5%, entonces, el año cerrará con un 60% de inflación.

Pero además hay que ver qué pasa con el consumo. Ciertamente que se puede argumentar que si hay menos afiliación hay menos consumo. Pero las políticas que están tomando las autoridades sanitarias van en el sentido contrario. Se hizo la promesa de generar una Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (AGNET) para darle racionalidad al gasto médico. Pero luego sin muchas explicaciones en el mes de agosto, en plena crisis de financiamiento, se incorporó mediante una resolución de Secretaría de Estado una droga muy cara al PMO (tema este que tratamos en la nota central de esta revista). No es el caso particular de esta cara droga el problema, sino la conducta de las autoridades sanitarias que sientan un precedente adverso para la capacidad de influencia que podrá tener una eventual AGNET y la liviandad con que se toman las decisiones oficiales de gasto médico.

En suma, un 2019 que cerrará con ajustes de cuotas del orden del 37% – 43%, con la afiliación cayendo y ajustes de precios de prestaciones entre 55% – 60% con consumo de prestaciones de alto costo en crecimiento. Estos datos, claramente, no auguran un mejor 2020.

Por eso, unámonos todos los actores del Sector Privado de la Salud detrás de una agenda que atienda la emergencia del hoy pero que a la vez mire el futuro de corto y mediano plazo porque la situación de la salud privada muy lejos está de estar mejorando. Sino lamentable e indudablemente esta CRISIS NO TENDRA FIN.