El sistema de salud necesita liderazgo

Dr. Luis María Degrossi,
Presidente de ADEMP

Va a hacer ya un año del inicio de la pandemia en nuestro país. Los peores vaticinios hacían presagiar que el sistema de salud sería desbordado por el ataque del COVID-19. Las infecciones efectivamente no ceden e incluso parecería que estamos entrando a la segunda ola sin haber terminado la primera. De todas formas, por lo menos hasta ahora y más allá de algunos posibles casos puntuales, el sistema de salud supo sobrellevar la pandemia sin que se produjeran desbordes descontrolados. Esperemos que siga transcurriendo así.

Sin embargo, la medicina privada está siendo atacada desde otros frentes, que no tienen que ver con la enfermedad, sino con las deficiencias institucionales.

Por ejemplo, el tema precios. La medicina privada cierra el 2020 con un ajuste de cuota de tan sólo 10%, cuando la inflación general y médica se estima por lo menos en un 40% anual. Ciertamente que esto se explicó en buena medida por la situación de emergencia que atravesaba la población al haber sido confinada por el COVID-19. Pero cuando se empezó a pensar un plan para el 2021, a fin de cerrar esta brecha de precios, comenzaron las idas y vueltas. Primero se acordó un aumento de 15% para febrero, que luego se eliminó. Luego se acordó que el aumento sería de 7%, que luego se volvió a eliminar. Ahora estamos parados en el medio de la pandemia y sin horizonte en materia de precios.

Otro ejemplo, desde las máximas autoridades se señala que el sistema de salud está desordenado y que esto trae aparejado ineficiencia e inequidad. Un diagnóstico que no tiene nada de novedoso, pero sobretodo en el Sector Público. Es un lugar común al que se llega cuando se analiza el sistema de salud argentino en general, pero cuando se evalúa solamente el Sector Privado, la conclusión cambia diametralmente. Sin embargo, cuando se anuncia que es necesario avanzar hacia una integración más profunda, se expanden como reguero de pólvora los trascendidos sobre una posible intervención o estatización de las instituciones de salud; trascendidos que no se pueden confirmar en su veracidad porque las señales de las autoridades al respecto son difusas, confusas y/o inexistentes. Al igual que con los recursos necesarios y suficientes para financiarlo y otros tantos temas relacionados, reina la incertidumbre sin saber qué piensan real y francamente las Autoridades cuando hablan de reformar el Sistema de Salud.

Otro ejemplo, la Justicia. Uno de los factores desordenadores del Sistema de Salud es la práctica cada vez más difundida entre la gente de apelar a los jueces para el dictado de amparos que obliguen a las instituciones de salud a brindar cobertura de medicamentos novedosos no incluidos en el PMO de dudosa y/o nula efectividad comprobada. El paroxismo de esta práctica se vivió hace unos días cuando un Juez subrogante (es decir, no elegido por las vías normales) en lo Civil y Comercial ordenó a un sanatorio privado a suministrar a un paciente internado por Covid-19 dióxido de cloro por vía endovenosa.

El dióxido de cloro no es un medicamento sino un insumo industrial. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) excluye el uso de esta sustancia para el tratamiento de Covid-19 e insta a los países miembros a denunciar aplicaciones en seres humanos. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de Argentina se pronunció en idéntico sentido a la OPS. Sin embargo, un Juez –que no es médico–se considera con autoridad en forzar su aplicación, ignorando a las autoridades sanitarias, las cuales a su vez dejan a la institución médica privada involucrada en este entuerto legal en la orfandad, enfrentando ahora demandas legales –paradójicamente– por haber actuado en consonancia con la buena medicina, que obviamente era lo contrario a lo que contra natura indico un Juez.

En estos momentos tan críticos de Pandemia, lo que nuestro hoy atacado Sistema de Salud necesita es liderazgo. Pero liderazgo obviamente, no significa más poder a las autoridades. Liderazgo es “la capacidad de influir positivamente sobre un conjunto de pares para trabajar en equipo en el logro de metas comunes”. El liderazgo no implica más poder. Por el contrario, es la capacidad de delegar, comunicar y generar confianza en los actores de una organización (en este caso el sistema de salud) para el esfuerzo mancomunado en aras de alcanzar los objetivos comunes.

Liderazgo sería que todos los organismos del Estado (Ministerios Nacionales y Jurisdiccionales, Agencias de Regulación, Congreso Nacional, Poder Judicial, etc.) se entiendan, dialoguen, acuerden, no se contradigan y sean transparentes en sus intenciones y en sus actos. Así, los actores privados con responsabilidad por la atención médica de la población podrán tener certezas sobre cuáles son los objetivos y en qué dirección marchar.

La situación es extremadamente crítica desde lo económico, lo social y lo pandémico, como para sumarle hoy un problema más. Las contradicciones, las intrigas, las internas y las suspicacias entre los responsables de conducir este barco varado en medio del océano y de la tormenta son el problema, no la solución. Y sin liderazgo, lamentablemente no tendremos solución.

 

Dr. Luis María Degrossi
Presidente de ADEMP