Un paciente que no pudo salir de la sala de emergencia

Dr. Luis María Degrossi,
Presidente de ADEMP

Es común escuchar que la medicina privada en Argentina está en terapia intensiva. Analizando la situación con menos apasionamiento y más sinceridad, la situación da para pensar que se está bastante peor. El sector privado de la salud es un paciente que no ha logrado salir de la sala de emergencia.

En la crisis del 2002, las autoridades sanitarias del momento declararon la emergencia sanitaria como respuesta a la abrupta disrupción presupuestaria que sufrió el sector de la salud por la mega-devaluación de aquel entonces. Se declaró un Programa Médico Obligatorio de Emergencia (PMOE), se estableció como novedad la prescripción por genéricos y se suspendieron las ejecuciones judiciales en el sector de los prestadores médicos, entre las medidas más resonantes.

A partir del año 2005, la Argentina comienza una fase de recuperación económica que le permitió al sector de la medicina privada volver a respirar. Vía recuperación del empleo asalariado con aportes a la seguridad social y la recuperación del salario real, las finanzas de la medicina privada tuvieron cierto sosiego, que hacía entrever que podría haberse pensado en empezar a salir de la sala de emergencia.

Pero a partir del año 2007 la política trajo desencuentros porque se entró en la fase de los controles férreos de precios a la medicina privada con una inflación que, lejos de ser incipiente, era creciente y presionaba intensamente sobre los costos médicos.

En el año 2012, la gran bonanza internacional –que fue lo que motorizó la recuperación de la economía argentina– finalizó. A los precios retrasados y los costos médicos en expansión, se le sumó que el empleo asalariado con aporte a la seguridad social y el salario real (o sea las dos principales fuentes de ingresos del sector) dejaron de crecer. La salud del sector privado de la salud se empezó a deteriorar otra vez.

El paciente estuvo en una condición muy delicada hasta el 2018, cuando sobrevino otra fuerte crisis cambiaria, que lo dejó grave; y finalmente en el año 2019 otra fulminante crisis cambiaria lo deja al borde del colapso.

Como se ve, en casi dos décadas, el sector salud nunca salió del “shock room”.

Cuando las condiciones económicas eran propicias para hacerlo (2005 – 2012), los desencuentros al interior del sector hicieron que la agenda de temas se sobrecargue con la coyuntura y se desatienda lo estructural e importante. La emergencia sanitaria, entonces, era renovada automáticamente.

Cuando se quiso hablar de lo estructural e importante para dejar de renovar automáticamente la emergencia, la economía volvió a dejar al sector gravemente enfermo.

Parece casi una ironía que la misma autoridad sanitaria que declaró la emergencia en el 2002 es la que vuelve a declarar la emergencia en el 2020.

Algo hay que aprender de la experiencia.

La nueva emergencia que comienza a regir en esta década (2020) tiene similares visos que la del 2002. Se crean consejos consultivos, órganos interministeriales, instancias de diálogo social que seguramente no fueron adecuadamente aprovechados en el pasado. Por eso, es muy importante que está vez no prime el desentendimiento, los desencuentros, el “coyunturalismo”, el oírse pero no escucharse, entre todos los actores del sector salud; público y privados; dirigentes y dirigidos; políticos, técnicos, administradores de salud, profesionales, trabajadores de la sanidad.

A diferencia de la emergencia pasada, ahora se tiene la UAS (Unión Argentina de la Salud). Todas estas instancias de diálogo social que plantea la nueva emergencia es la oportunidad para que la UAS se fortalezca y muestre su potencialidad como mecanismo institucional de unión del sector salud en busca de sus propias soluciones.

A no bajar los brazos. Hoy más que nunca hay que estar con los brazos sobre los hombros, fuertemente abrazados.

Dr. Luis María Degrossi
Pte. de ADEMP