Cuando las crisis se convierten en oportunidades

Por el Dr. Luis María Degrossi
Presidente de ADEMP

En los últimos cinco meses, el país se sumergió abruptamente en una especie de crisis no esperada. De repente, presenció cómo la moneda local se derrumbaba frente al dólar y a las monedas de los países vecinos, cómo la inflación toma nuevos bríos –pasando de una inflación esperada inferior al 20% a una inflación casi asegurada superior al 40%– y cómo las tasas de interés ascienden a niveles siderales complicando en extremo el financiamiento de la actividad productiva. Todo esto desemboca en estancamiento de la producción, del empleo formal y la caída de la capacidad adquisitiva de la población. Esta realidad toca de lleno a la medicina privada.

Bien se sabe que la medicina privada atiende las necesidades de salud del 15% de la población, dándoles acceso a los mejores prestadores médicos, a las últimas innovaciones en medicina y a crecientes niveles de calidad. El desafío que ahora enfrenta, de cara al nuevo contexto macroeconómico, es preservar estos compromisos ante un evidente contexto de fuerte presión al alza de los costos médicos y escasez de recursos económicos entre la población a raíz del estancamiento económico. No es la primera vez que la medicina privada tiene que sortear estos retos y seguramente que lo volverá a hacer con éxito en esta oportunidad. De todas formas, esto no quita que se haga un prudente y responsable llamado a la reflexión y a unir fuerzas entre todos los actores sociales del sector de la salud privada para salir adelante juntos y con una distribución equitativa de las cargas y los beneficios.

En primer lugar, sería muy oportuno que las autoridades sanitarias, los miembros del Poder Legislativo y del Poder Judicial tomen –de una buena vez– conciencia de que no es sostenible mantener una política expansiva de los beneficios que se prometen en el Programa Médico Obligatorio (PMO) sin un correlato proporcional en el incremento de los recursos. La escasez que traerá aparejado el actual proceso de inestabilidad y estancamiento económico hará mucho más explícito este principio. En este sentido, como dirían los expertos consejeros de la ciencia de la administración, si vamos a considerar que estamos atravesando una crisis en el financiamiento de la salud, sería sabio convertir dicha crisis en una oportunidad. Posiblemente se esté ante la oportunidad de abordar un diálogo técnico, profesional y despojado de hipocresías para delimitar con precisión cuáles son las prestaciones cubiertas, los alcances de la cobertura y los límites explícitos en el PMO. El desafío colectivo es priorizar las intervenciones y los criterios demostradamente más costo-efectivos y prescindir de todos aquellos tratamientos que suenan muy promisorios a los oídos de la ciudadanía y con mucho marketing clínico, pero que las evidencias médicas dejan huérfanos.

En segundo lugar, sería también muy aconsejable que el sector público nacional, provincial y municipal mantengan el espíritu expresado en el Consenso Fiscal de tender a construir un sistema impositivo más sano con mucha menos incidencia de los impuestos distorsivos, entendidos estos últimos como aquellos que gravan la inversión, la producción y el empleo. Aquí cumple un rol fundamental el mantener el proceso de reducción de la incidencia de los impuestos al cheque y las contribuciones patronales y los impuestos provinciales a los Ingresos Brutos y municipales con las –mal llamadas– tasas de industria y comercio. Todos estos impuestos encarecen la producción que, en la medicina privada, es el proceso de atención médica, extrayendo recursos sanitarios para financiar muchos gastos evitables en los tres niveles de gobierno.

Fundamentalmente, y no menos importante, es convocar a los actores del sistema de salud para tener una conducta responsable, fundamentalmente en lo que hace a la incorporación de nuevas tecnologías de dudosa efectividad y en fases experimentales. Volviendo al lema de que, si cada crisis genera una oportunidad, esta puede ser la oportunidad para avanzar en la implementación de la agencia de evaluación de tecnologías (AGNET) y ponerla a trabajar de manera seria y profesional. En igual sentido, debería ser esta la oportunidad para avanzar en la incorporación a la práctica médica de protocolos, guías clínicas y criterios médicos para un uso racional y eficiente de los recursos.

Salir airoso de esta tormenta no es tarea sencilla, pero tampoco requiere conductas titánicas. Hacen falta ingredientes tan humanos como vocación de cambio, capacidad de innovación y cultura de la eficiencia. Posiblemente hoy, más que en tiempos pasados, se esté ante la oportunidad de abordar cambios de políticas sanitarias y de gestión de nuestras organizaciones necesarios. Cambios que siempre encuentran algún motivo para ser postergados, pero que en las actuales circunstancias son imprescindibles.

Hoy más que nunca, el sector salud tiene que sacarse el miedo a hacer y porque no y también a cambiar.