Ajuste automático de los precios de la medicina privada con el Índice RIPTE

Jorge Colina,
Economista de IDESA

El retraso de precios por la inflación hizo entrar en crisis a la medicina privada. Es hora de dejar de lado para siempre los ajustes discrecionales por inflación y pasar a los ajustes automáticos por índice RIPTE, como es en el resto de la seguridad social.

Los precios de los planes de salud privados desde la sanción de su marco regulatorio

Los planes de salud privados nacieron en Argentina en la década de los ’60 como una respuesta para las familias de ingresos medios y altos que no eran alcanzadas por la incipiente expansión de la cobertura de obra social. En la segunda mitad de las décadas de los ’70 y los ’80 experimentaron una importante expansión producto de la crisis financiera y prestacional de las obras sociales. En este período, incluso, mucha gente disconforme con la cobertura de su obra social comenzó a duplicar su cobertura contratando solapadamente con la cobertura social planes de salud privados. Además, la alta inflación que caracterizó a los ’70 y los ’80 hizo que muchos prestadores privados crearan sus propios planes de salud privados como una forma de proteger el capital de trabajo prestacional de los nocivos efectos de la inflación.

La década de los ’90 fueron los años de la gran expansión, en particular, en la segunda mitad con la introducción de la competencia en el sistema de obras sociales nacionales y la posibilidad de derivar aportes de seguridad social hacia los planes de salud privados. Este proceso se mantuvo vívido en la primera década del Siglo XXI, fundamentalmente entre los años 2003 y 2011 cuando los empleados asalariados privados registrados (o sea, aquellos que puede hacer derivación de aportes) crecieron desde 3 a 6 millones de trabajadores. En el Censo 2010 se identificaron 6 millones de afiliados a los planes de salud privados, de los cuales 2 millones eran afiliados particulares que pagaban su plan con recursos de bolsillo y 4 millones eran afiliados de derivación de aportes.

En el 2011 viene entonces el marco regulatorio para los planes de salud privados. Entre los múltiples aspectos que involucra este marco legal especial está el control de precios de los planes de salud. La norma establece que el Estado autorizará el aumento de las cuotas cuando el mismo esté fundado en variaciones de la estructura de costos y razonable cálculo actuarial de riesgos.

Técnicamente, esta concepción de los ajustes de precios basados en estructura de costos y cálculos actuariales de riesgos es correcta. Sólo que en Argentina la inflación “metió la cola” y, lo que es peor, el Congreso y las autoridades sanitarias, a sabiendas que en Argentina la inflación es crónica y elevada, no hicieron ninguna consideración sobre los ajustes de precios requeridos para acompañar la inflación.

Así fue que las autorizaciones para ajustar por inflación los precios de los planes se hizo de manera discrecional: funcionarios del Estado y de cámaras empresarias “negociando” los ajustes por inflación. La historia de la evolución de estos aumentos discrecionales tuvo los resultados que se muestra en el Cuadro 1.

 

Cuadro 1. IPC y ajustes autorizados de precios de planes privados de salud

Nota: en todos los años es % anual diciembre – diciembre de cada año. Excepto 2021 que es % de aumento en los primeros 6 meses.

Fuente: elaboración propia en base a inflación Congreso, INDEC y normativa

 

Computando el 2012 como primer año de vigencia completa del marco regulatorio se observa que el comportamiento de las autorizaciones respecto a la inflación fue disímil. En los primeros 3 años (2012 – 2014), los precios autorizado estuvieron siempre por detrás de la inflación con particular retraso en el 2014 que –no por casualidad– fue un año de fuerte devaluación del tipo de cambio oficial (pasó de $5 a $8 en enero de ese año). Este fenómeno de que año de fuerte devaluación es sinónimo de retraso de precios en los planes de salud privado será luego una constante.

En el segundo trienio (2015 – 2017) los precios de los planes recuperaron algo de su retraso manteniéndose por encima de la inflación. La mayor recuperación se dio en el 2017 producto de que ese fue el único año de desaceleración de la inflación. Como el criterio de ajuste de los planes en general tiende a ser por la inflación pasada, cuando la inflación se desacelera los precios regulados tienden a recuperarse (fenómeno que también se da con el salario real al estar fuertemente influenciados por los salarios de convenio –precios regulados–).

En el 2018 vuelve la devaluación del tipo de cambio oficial y, con ello, el retraso de los precios de los planes. En el 2019 hubo importantes esfuerzos para acompañar el muy alto nivel de aumento de la inflación, pero a finales de ese año vino el cambio de gobierno y comenzó una historia muy especial.

El 2020 estuvo signado por el confinamiento obligatorio en respuesta a la pandemia del Covid-19. Esto hizo que bajara fuertemente el gasto médico en los prestadores privados. Se estima que el consumo de prestaciones ambulatorias no-Covid bajaron en un 80% y el gasto en internación no-Covid en prácticamente la mitad. La baja del consumo hizo posible posponer los ajustes de precios de los planes correspondientes al 2020. Si bien la inflación general se desaceleró (desde un 54% que terminó el 2019 a 36% en el 2020), los precios de los planes privados de salud se ajustaron sólo un 10% y al final del año. Así es como el 2020 termina con el más importante rezago de precio de los planes de salud desde que los precios están regulados: 26 puntos porcentuales por debajo de la inflación.

En lo que va del 2021, la situación se tornó muy crítica. La inflación se volvió a acelerar –con la vuelta de muchos sectores a la actividad– llegando a ser del 25% sólo en los primeros 6 meses del año. En este período, los precios de los planes se ajustaron sólo un 14% por lo que al retraso de 26 puntos porcentuales que traían del 2020, se le suma en la primera mitad del 2021 un retraso adicional de otros 11 puntos porcentuales. Se acumula así un retraso de 37 puntos porcentuales.

Del retraso de precios de los planes al conflicto sindical en medio de la pandemia

En julio 2021 se inicia la nueva paritaria del sector de la sanidad privada, la cual fija los salarios que deben pagar los prestadores médicos. El inédito retraso de precios de los planes privados de salud devino en un fuerte conflicto sindical por la imposibilidad de los prestadores médicos de financiar los ajustes de salarios para el 2021, producto del retraso de los precios de los planes de salud privados que son sus financiadores.

La situación es particularmente crítica porque el retraso marca un importante cambio de patrón en la evolución del precio de los planes y la inflación. Esto se puede ver en el Gráfico 1.

 

Gráfico 1. Evolución de precios de los planes privados de salud e IPC

2011 = 100

Fuente: elaboración propia en base a inflación Congreso, INDEC y normativa

 

En una mirada de largo plazo, tomando la década que transcurre de regulación de precios de los planes privados de salud, lo que se observa es que, más allá de los vaivenes de ajuste de planes y tasa de inflación que se produjeron hasta el 2019, ambas variables fueron más o menos de la mano. Es a partir de la conducta que toman las autoridades a cargo del Estado a partir del 2020 lo que genera una preocupante disociación entre ambas variables.

Si hubiera que llevar la evolución del precio de los planes privados de salud a la senda que tiene la inflación, el ajuste de precios necesarios sería del 47%. Este es un porcentaje no sostenible por donde se lo mire. Es políticamente imposible instrumentar un incremento de esta magnitud. Sería financieramente imposible para las familias hacer frente a este ajuste, máxime cuando la crisis económica e inflacionaria también golpea a los presupuestos familiares en lo que son sus otras necesidades. Lo más grave es que es igualmente de imposible mantener esta situación indefinidamente porque la inflación sigue creciendo y los prestadores médicos privados están al borde del colapso económico-financiero.

Definitivamente la salida de esta coyuntura deberá ser gradual y consensuada. Pero lo que es urgente es comenzar la salida ya mismo porque el paso del tiempo sólo agravará las cosas. En tanto, igualmente de urgente e impostergable es pensar una propuesta de política para que esta situación no se vuelva a repetir.

 

Propuesta de política para evitar el retraso de precios de los planes privados de salud

La seguridad social tiene mecanismos de ajustes automáticos para evitar la desvalorización de sus beneficios por efectos de la inflación. El mecanismo más conocido, tradicional e incluso exigido por la Justicia es la regla de movilidad previsional. Esta regla luego sirvió como precedente para establecer mecanismos de ajustes automáticos para los otros beneficios de la seguridad social. Para tener una idea esquemática de cuáles son estos mecanismos de ajustes se presentan el Cuadro 2.

 

Cuadro 2. Mecanismos de ajustes automáticos en la seguridad social

Sub-sistema Fórmula de ajuste automático
Previsional 50% RIPTE + 50% recursos tributarios de ANSES
Asign. Familiares

(AAFF y AUH)

50% RIPTE + 50% recursos tributarios de ANSES
Riesgos del Trabajo (ART) RIPTE
Seguro desempleo Salario Mínimo Vital y Móvil
Salud de los activos (obras sociales) No hay
Salud de los jubilados (PAMI) No hay

Fuente: elaboración propia en base a normativa vigente

 

Como puede observarse, una fórmula de ajuste muy utilizada en la seguridad social es el RIPTE. Este es el índice de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables. Básicamente, mide la evolución mensual de los salarios de los trabajadores registrados en la seguridad social que tengan más de 12 meses de antigüedad (de aquí lo de “Trabajadores Estables”). Este es un indicador oficial y administrativo que lo calcula la Secretaría de Seguridad Social.

La lógica del ajuste automático de los beneficios de la seguridad social usando como referencia este índice es que la inflación hace crecer los salarios formales los que a su vez son los que financian los beneficios de la seguridad social, por lo tanto, los beneficios se deben ajustar automáticamente a la evolución de su fuente de financiamiento. De no ejecutarse este ajuste automático, la inflación generaría excedentes espurios en la seguridad social basados en el perjuicio a sus beneficiarios.

En el Cuadro 2 surge con claridad que el único beneficio de la seguridad social que no tiene ajuste automático es el de salud. Tanto de la salud de los activos (obras sociales) como la de los pasivos (PAMI).

En este sentido, sería de estricta lógica y justicia establecer al RIPTE como el mecanismo de ajuste automático de los beneficios de salud en el sistema de seguridad social.

Más concretamente, habría que establecer que cada 3 meses los precios de los planes de salud y los aranceles médicos se ajustan automáticamente con el índice RIPTE que publica la Secretaria de Seguridad Social de la Nación. De esta forma, la Superintendencia de Servicios de Salud –que es el órgano técnico del sistema de salud de la seguridad social y de las empresas de medicina privada– dejaría de estar lidiando en aspectos que no son de su competencia –los ajustes por inflación– para concentrarse en lo que sí son sus competencias, tanto técnicas como legales, que es lo que establece explícitamente el marco regulatorio: estudios de estructura de costos y cálculos actuariales de riesgos para ajustar los precios de los planes privados en función de la inflación específica en salud. Esto es, la inflación generada por el cambio demográfico, tecnológico y cultural en las prácticas de la medicina.

¿Qué hubiera pasado si se aplicaba el índice RIPTE desde el comienzo?

Suponiendo que se hubiera aplicado el índice RIPTE desde el año 2012, que es el primero de operación plena de la regulación de la medicina privada, los precios de los planes privados de salud habrían tenido la evolución que se presenta en el Gráfico 2.

 

Gráfico 2. Inflación, precio de los planes privados y RIPTE

Fuente: elaboración propia en base a normativa vigente

 

Con el RIPTE el precio de los planes privados todavía habría tenido un retraso respecto de la inflación. Pero habría sido casi la mitad (26%) de lo que fue con los ajustes autorizados discrecionalmente por las autoridades estatales (47%). La razón es simple. El RIPTE refleja la evolución de los salarios que, cuando la inflación se acelera, siempre van por detrás de los precios. Por el contrario, cuando la inflación se desacelera, los salarios se recuperan de la pérdida por la inflación pasada. Es decir, que este retraso se compensaría cuando la inflación se desacelere.

Pero lo más importante de esta propuesta es la automaticidad. Ajustando automáticamente con el RIPTE ahorraría las tortuosas e interminables reuniones de funcionarios del Estado con autoridades y referentes de cámaras empresarias “negociando” los ajustes de precios que ni siquiera están cuestionados en su legitimidad, ya que se trata de ajustar por la inflación provocada por el propio Estado.

Los ajustes por inflación deben ser automáticos. No dejados a la discrecionalidad del funcionario. Porque esto saca el foco de lo importante (la calidad médica) para ponerlo en lo innecesario (discutir sobre la inflación la cual no debería existir o, por lo menos, ser de un dígito anual). En otras palabras, los funcionarios del Estado deberían concentrarse en bajar la inflación en lugar de distraer a la medicina privada de su cometido principal, que es, producir medicina de calidad.