Jorge Colina,
Economista de IDESA
CADA VEZ SE PRESCRIBEN MÁS ESTUDIOS COMPLEMENTARIOS POR CONSULTA
Con la pandemia hubo un gran aumento de la prescripción de estudios complementarios por consulta. Pasada la pandemia, la conducta quedó instalada. Con tan estricta escasez de recursos sanitarios en la medicina privada es urgente revisar críticamente los criterios de la prescripción.
La pandemia cambió la cultura médica
En el sistema de medicina privada desde hace mucho que tasa de consultas por beneficiario año es de 8. El número es alto porque suponiendo que un tercio de los afiliados no consulta en el año significa que los otros dos tercios que consultan al médico en un año determinado lo hacen 12 veces en el año, o sea, una vez por mes. Obviamente que hay gente enferma que puede requerir visitar a un médico una vez al mes, pero que dos tercios estén tan enfermos como para tener semejante frecuencia de visitas al año es algo muy improbable. Claramente lo que está sucediendo es que la gente toma a la medicina privada como un bien de consumo.
A la alta frecuencia con que la gente visita al médico aparece un fenómeno asociado que es la creciente tasa de derivación a estudios de laboratorio, imágenes y prácticas de especialidades. Fenómeno que se vio particularmente motorizado por la pandemia (Gráfico 1).
Gráfico 1. Consultas y prescripción de estudios por consulta
Fuente: Comisión de Asesores Médicos de ADEMP
Los datos corresponden a la encuesta anual que realiza la Comisión de Asesores Médicos de ADEMP entre las empresas asociadas. Se observa que hasta el año 2018 la tasa de prescripción de estudios de laboratorio y/o imágenes y/o prácticas de especialidades era de aproximadamente 0,7 por consulta. En el 2019 esta tasa aumentó a 0,9 y posiblemente no por casualidad la tasa de consultas bajó a 7 por beneficiario año. Es decir, el salto de la tasa de prescripción de estudios del 2019 ya anunció que, cuando la gente va menos al médico, tiende a ser prescripta con más estudios complementarios.
Con la pandemia en el 2020 se confirma la tendencia. La tasa de consulta por beneficiario año bajó a 5,2 y la tasa de prescripción de estudios saltó a 1,2. Es decir, durante la pandemia cada consulta generó 1,2 estudios complementarios. Esto obviamente responde al tránsito apresurado hacia una telemedicina improvisada donde los médicos, acostumbrados a la atención basada con la vista presencial y el palpado del paciente, tuvieron que pasar a atender a través de una pantalla de celular o de computadora lo que indujo a buscar respuestas más asiduamente en los estudios complementarios.
Lo notable es que en el 2022 la pandemia se cerró, la tasa de consulta tendió a su valor histórico (7,7) y la tasa de prescripción de estudios por consulta se mantuvo alta (1,14 por consulta). En el 2023, ya sin pandemia, la tasa de consultó se normalizó (7,9) y la tasa de prescripción aumentó a 1,22. Por encima de la tasa de la pandemia.
Si la tasa de consulta está en igual nivel que la prepandemia y la de estudios complementarios está por encima es un claro signo de que el consumo en la atención ambulatoria experimentó un cambio estructural que refleja un cambio, posiblemente también estructural, en la conducta médica. Al ser las tasas números pequeños no dejan ver con claridad la magnitud del cambio. Si antes de la pandemia 8 consultas por beneficiario año generaban 0,7 estudios complementarios y hoy las mismas 8 consultas por beneficiario año generan 1,22 significa que cada consulta genera 74% más de estudios complementarios.
¿Qué tipo de estudio son los que produjeron el cambio?
Es bien interesante observar la evolución de los estudios por consulta según el tipo de estudio ya que permite tener una mejor visión sobre cómo fue el cambio en la conducta médica (Gráfico 2).
Gráfico 2. Evolución del tipo de prescripción por consulta
Fuente: Comisión de Asesores Médicos de ADEMP
En el 2019, antes de la pandemia, lo que ocasiona la desviación de la prescripción son los estudios diagnósticos de especialistas que pasaron de 0,17 a 0,36 por consulta. Bajaron en la pandemia y se quedaron en 0,28 bastante por encima del 0,17 del 2018
En la pandemia (2020) fueron los estudios de laboratorio que se triplicaron (0,21 a 0,62 por consulta). Tuvieron un leve declive en 2021 (bajaron a 0,50) y volvieron a subir para colocarse en el nivel de la pandemia (0,60).
Es notable también el caso de las imágenes. Bajan en la pandemia (de 0,33 a 0,27 por consulta) porque la gente estaba confinada y se vuelven a estabilizar en el mismo nivel prepandemia (0,33). El consumo de imágenes no muestra cambios.
El cambio estructural en la conducta médica ha sido la triplicación de los estudios de laboratorio y la casi duplicación de los estudios de diagnósticos con especialistas. Las imágenes no tuvieron cambios en la prescripción. Se mantienen en el orden de 1 estudio de imágenes por cada 3 consultas.
Recomendaciones de política
La comunidad médica tiene que hacer un sesudo análisis sobre qué está pasando con la prescripción. En primer lugar, indagar en los motivos por los cuales abruptamente (en el 2019) cada consulta gatilló mayor cantidad de estudios diagnósticos de especialistas. Es como que la mano del médico fue desplazada por la tecnología en el diagnóstico o, por lo menos, en la confirmación del diagnóstico. En cualquiera de los casos amerita un análisis crítico si es realmente necesario duplicar los estudios diagnósticos por consulta.
En el caso de los estudios de laboratorio es más llamativo aún. El salto del 2020 producido por la apelación espontánea de los médicos a tratar de ver los pacientes a través de los análisis bioquímicos, ya que no podían verlos y palparlos presencialmente, se habría quedado como costumbre pedir los análisis clínicos de rigor como para ver cómo están los indicadores de rutina.
Desde las direcciones médicas de las entidades aseguradoras deberían hacer análisis más incisivos de microdatos para determinar cuál es el patrón de la prescripción de laboratorio, cuál es la frecuencia de estudios por pacientes en los últimos 3 años de cada paciente y cómo fueron los resultados de dichos estudios analizando la frecuencia de negativos o normal por tipo de estudio de laboratorio. Muchas veces se tiende a creer que un análisis de laboratorio de rutina “nunca viene mal”. Por más simple que sea la intervención (extracción de sangre) la masividad aumenta los riesgos de errores y, si además viene de la mano del aumento de los negativos o normal, aumenta el derroche de cada vez más escasos recursos sanitarios.
Hay que ser consciente que la masividad de la prescripción que no es estrictamente necesaria tiene tres mayores costos:
a) mayor riesgo de errores;
b) mayor gasto corriente de recursos sanitarios;
c) mayor gasto futuro porque termina actuando como una señal de mercado de dónde asignar las nuevas inversiones: invertir para multiplicar los estudios con resultados negativos o normales es el peor de los derroches.