La madre del problema es la alta inflación

Dr. Luis María Degrossi,
Presidente de ADEMP

Luego de extensas y agobiantes tratativas con las autoridades regulatorias de la medicina privada se logró un reconocimiento de ajuste de cuota de 4,5% en abril y 5,5% en mayo. Esto se suma al 10% de diciembre del año pasado y al 3,5% de marzo. De esta forma, los precios de los planes de salud privados se ajustaron apenas un 26% desde diciembre del 2019. En este mismo período, la inflación general que mide el INDEC fue del 60%. Es un desbalance que se hace cada vez más difícil de sobrellevar.

La desazón se vuelve grande cuando se observa que el panorama hacia adelante no es alentador. Con una inflación que se estabiliza en el orden del 3% – 4% mensual, la inflación anual del 2021 será del 50% en diciembre y del 100% si se computa desde diciembre del 2019.

Encima, en la mitad del año (que ya se aproxima) toca volver a negociar el convenio colectivo de la Sanidad que es el que se aplica a los trabajadores del sector privado de la salud. Esto pondrá sobre la mesa una nueva discusión de ajustes de aranceles médicos lo que obliga a redoblar el esfuerzo por un ajuste de las cuotas de los planes. Ajuste que sería adicional al que correspondería hacer para compensar el atraso que ya se sufre por el magro ajuste de 26%.

Las soluciones son cada vez más difíciles de imaginar porque es una crisis por confluencia de los dos factores más desafiantes.

Por un lado, la crisis económica que hace muy difícil a muchos de nuestros queridos afiliados, clientes de nuestros planes de salud, poder seguir los ajustes de cuotas que acompañen una inflación que es alta y persistente. Más aun en el caso de los afiliados individuales que hacen un gran esfuerzo desde sus presupuestos familiares para financiar su cobertura privada. Más llevadera puede ser la situación en los planes corporativos, aunque muchas empresas clientes también están sufriendo la crisis de recesión e inflación.

Por el otro, la crisis sanitaria. Es duro pensar que los trabajadores de la salud no reciban ajustes por la alta inflación cuando son tan necesarios y están pasando por momentos de extrema tensión debido a la sobrepoblación de pacientes y la falta de insumos críticos. La restricción financiera está poniendo el sacrificio de los equipos de salud al límite.

El problema, amigos, ya trasciende lo económico y lo sanitario. El problema es la inflación.

Muchos pensarán, pero bueno, la inflación es un problema económico. No. La inflación es un problema social. Es el problema de no querer ajustarse a producir y consumir respetando los límites que imponen los recursos existentes. Es producto de un Estado que gasta consistentemente por encima de sus ingresos, apelando la emisión monetaria. Así se desata una carrera de precios y salarios en toda la economía que es lo que estamos observando en la actualidad.

En esta carrera pierden los que tienen los precios regulados, como la medicina privada pero también hay otros ejemplos como las empresas de energía, de transporte y de comunicaciones. Y la inflación es el principal problema porque, si no hubiera inflación, un precio regulado desalineado de los costos es fácilmente visible y el ajuste puede hacerse hasta gradualmente. Pero con alta inflación, la tendencia natural del dirigente político es negarse a “convalidar” la inflación en el precio regulado, y lo atrasa en el balance con los costos. Es lo que repetidamente se observa con las cuotas de los planes de salud privado, las tarifas de servicios públicos y de las comunicaciones en una sociedad crónicamente inflacionaria como es la Argentina.

Para sostener la negación a “convalidar” la inflación en el precio regulado, vienen los subsidios. En el caso de la salud privada son los famosos REPRO. Esto puede ser un paliativo, pero es transitorio porque la inflación también los atrasa en su valor real y, además, generan más déficit fiscal que, a su vez, genera más inflación. Los subsidios para sostener un precio regulado atrasado por la inflación son como el “perro que se persigue la cola”.

Es hora de madurar como sociedad y demandar mucho más enfáticamente a los dirigentes bajar a niveles de un punto porcentual anual la inflación, tal como sucede en todos los países normales. Sin ir más lejos, los países limítrofes de nuestra querida Argentina, tienen todos tasas de inflación de un dígito. Somos el mal ejemplo de la región.

Esto es lo que tenemos que cambiar. Caso contrario, la inflación nos va a hundir en la decadencia.


Dr. Luis María Degrossi
Pte. De ADEMP